Volver al inicio
La Voz Interior1 min de lectura

Cuando el mundo no se acabó, pero mi historia sí

Hecho con IA
Hecho con IA

El mundo iba a acabarse el 21 de diciembre de 2012. Eso decían. Yo era un niño con miedo fácil y acceso limitado a la verdad. La televisión repetía imágenes de ciudades cayendo, mares levantándose, calendarios mayas convertidos en sentencia. Internet —cuando lograba alcanzarlo— estaba lleno de teorías que parecían ciencia. Nadie hablaba en voz baja. Nadie tranquilizaba. Todo gritaba. Y yo escuché. Me vi el tráiler. Me vi la película. Me vi el futuro reducido a una fecha. Empecé a contar los días como quien cuenta latidos antes de una cirugía. No dormía igual. No pensaba igual. El fin del mundo dejó de ser metáfora y se volvió vigilancia. El miedo se volvió costumbre. Y entonces llegó el día. No hubo terremotos. No hubo fuego. No hubo sirenas. Pero ese 21 de diciembre mi vida, tal como la conocía, terminó. Salí de Venezuela. Crucé una frontera. Dejé atrás mi casa, mis calles, mi idioma intacto, mi infancia todavía tibia. El mundo no se acabó. Mi mundo sí.

G

Escrito por G.