Volver al inicio
Ensayos4 min de lectura

¿Puede una sociedad despojada de autonomía volver a confiar en sí misma?

Imagen del artículo: ¿Puede una sociedad despojada de autonomía volver a confiar en sí misma?

Venezuela ha vivido buena parte de su historia buscando un rostro que la salve. Un hombre fuerte, un héroe, un caudillo. Alguien que concentre el poder, que prometa orden, justicia o prosperidad, y que —al menos por un tiempo— haga creer que el rumbo está claro. Esta constante no es casual ni reciente: es el resultado de una sociedad que ha sido, una y otra vez, despojada de su autonomía política, económica y simbólica.
La pregunta entonces no es solo política, es profundamente humana:
¿puede una sociedad que ha aprendido a delegar su destino volver a confiar en sí misma?
El despojo de la autonomía
La autonomía no se pierde de un día para otro. En Venezuela, fue erosionada lentamente por una combinación de factores: militarismo temprano, instituciones débiles, una economía rentista que sustituyó la producción por la dependencia, y una narrativa constante donde el Estado —encarnado en un líder— se presenta como el gran proveedor.
Cuando el ciudadano no necesita organizarse para sobrevivir, cuando el ingreso no depende del esfuerzo colectivo sino de la distribución del poder, la ciudadanía se atrofia. Se aprende a esperar, no a exigir. A agradecer, no a fiscalizar. A confiar en promesas, no en reglas.
Así, la democracia se vuelve frágil. No porque la gente no la entienda, sino porque nunca se le permitió practicarla plenamente cuando resultó incómoda para quienes gobernaban.
El mito del salvador
En contextos de crisis profunda, la búsqueda de un salvador no es un defecto moral del pueblo, sino una reacción comprensible al desgaste. El problema surge cuando ese salvador reemplaza a las instituciones, cuando la figura se vuelve más importante que la ley, y cuando el disenso se interpreta como traición.
Cada nuevo caudillo llega con la promesa de romper el ciclo, pero termina reforzándolo. Puede mejorar ciertos indicadores, generar estabilidad temporal o redistribuir recursos en sectores específicos, pero sin instituciones sólidas, esos logros son siempre personales, no estructurales. Cuando la bonanza se agota o la desigualdad reaparece, el descontento regresa… y con él, la tentación de un nuevo golpe, un nuevo líder, una nueva promesa.
La desconfianza como herencia
Quizás el daño más profundo no es económico ni político, sino psicológico y colectivo. Una sociedad que ha visto fracasar repetidamente proyectos, líderes y transiciones termina dudando no solo del poder, sino de sí misma. Se instala la idea de que “no estamos listos”, de que “siempre terminamos igual”, de que la democracia es un lujo ajeno.
Esa desconfianza se hereda. Se normaliza la resignación. Se sustituye la participación por la supervivencia individual.
¿Es posible reaprender la confianza?
La respuesta corta es sí, pero no es épica ni rápida.
Una sociedad puede volver a confiar en sí misma solo cuando deja de esperar que alguien más la salve. Cuando entiende que la democracia no es un evento ni un líder, sino una práctica cotidiana: incómoda, lenta, imperfecta. Cuando acepta que las instituciones no funcionan por arte de magia, sino porque hay ciudadanos dispuestos a defenderlas incluso cuando no benefician inmediatamente a su bando.
Reaprender la autonomía implica memoria histórica, educación cívica, organización social y, sobre todo, una renuncia consciente al mito del salvador. Implica asumir que ningún cambio profundo vendrá sin conflicto, sin frustración y sin responsabilidad colectiva.
Conclusión
Venezuela no está condenada a la dictadura por naturaleza ni por cultura. Pero sí carga con una historia que la acostumbró a delegar su destino. Romper ese hábito es posible, aunque doloroso, porque exige algo más difícil que derrocar a un tirano: creer que el poder también pertenece a la sociedad, y no solo a quien lo ejerce.
La verdadera transición no comienza con un nuevo líder, sino con una sociedad que, por primera vez en mucho tiempo, decide confiar en sí misma.

G

Escrito por G.